Ubicado en el Barrio de Santa Cruz a unos pasos de la zona de compras, Hotel Casa1800 Sevilla, es también el enclave ideal para degustar la mejor gastronomía sevillana, rodeado de zonas de tapeo y de restaurantes típicos.
Plaza de España, Real Alcázar, Catedral, Barrio Santa Cruz, Casa de Pilatos, Iglesia del Salvador, Parque María Luisa, Plaza de Toros Maestranza, Palacio de Lebrija... Tanto que ver tiene Sevilla... Los ojos no paran y se deslumbran. Como mirando directo al sol, la riqueza de la ciudad es difícil de apreciar. Hay tanto que los recorridos pequeños son tan exquisitos como los supremos. Dejarse andar por las callejuelas puede ser la mejor manera de descubrir las joyas escondidas.
Con tanta historia y rica arquitectura, una base sólida de Sevilla es esencial para comprender y apreciar verdaderamente esta ciudad. Un recorrido que comprenda un paseo por el distrito de Santa Cruz, el antiguo barrio judío que es un laberinto de calles estrechas, puertas de hierro forjado y patios internos con fuentes típicas y plantas en macetas, puede ser un buen modelo para trasladar al resto de la visita. Esa es la manera de dejarse seducir por las pequeñas grandilocuentes bellezas que se topan a cada paso.
En el corazón del ajetreo
Ubicado en el Barrio de Santa Cruz a unos pasos de la zona de compras, es también el enclave ideal para degustar la mejor gastronomía sevillana, ya que se encuentra rodeado de zonas de tapeo y de restaurantes típicos.
Hotel Casa 1800 Sevilla es una típica casa-palacio cuya historia se remonta a principios del siglo XIX, la época de esplendor de los grandes románticos, de los personajes de leyenda como Don Juan Tenorio, Carmen la Cigarrera, Lord Byron, Bécquer...
La propiedad fue edificada en 1864 siguiendo una disposición tradicional. Sus portones de madera maciza tachonada permitían la entrada al interior con un carro de caballos, desde el que ya a pie se accedía a un patio central en torno al cual se distribuyen todas las estancias.
La casa consta de tres plantas inundadas de la luz que proviene del patio central.
Tras dos años de meticulosa restauración en la que se han potenciado al máximo los elementos arquitectónicos originales, y se ha respetado el espíritu de la época en su suntuosa decoración, se ha conseguido hacer de esta casa-palacio un hotel único con mucho encanto, donde revivir el esplendor de tiempos pasados conjugado en un perfecto equilibrio con la más avanzada tecnología de hoy.
La propiedad guarda un secreto: un cuarto con terraza privada en la azotea con vistas a la Catedral y piscina. La pileta común de la azotea ofrece vistas panorámicas a una zona llena de historia, incluyendo al Palacio Real, al Hospital de los Venerables, o unas vistas increíbles a la Catedral y la Giralda. Balconea a los campanarios de la antigua judería del Barrio de Santa Cruz, las almenas, los árboles de los jardines del Real Alcázar y hasta las torres de La Plaza de España en El Parque de María Luisa. Tan epicéntrico que estirar la mano basta para acariciarlo todo.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello