Escocia, es muchísimo más que castillos, gaitas y escoceses con faldas a cuadros. Afortunadamente, la tierra de Willian Wallace y Rob Roy va más allá de los estereotipos. No podría entenderse sin sus “Highlands”, sus leyendas, sus islas del norte, sus pequeños y remotos pueblos rurales o sus paisajes sobrecogedores. Este país es un paraíso donde el verde no encuentra límites tonales y donde la esencia más auténtica se sirve en pequeñas dosis.Te invitamos a recorrerlas.
Poner rumbo norte desde la ciudad de Stirling, la “puerta de las Highlands”, supone adentrarse en la estampa escocesa que todo visitante tiene grabada a fuego en la memoria: una sucesión de lagos, montañas, valles profundos y kiloÌmetros y kiloÌmetros sin fin de soledades tapizadas de brezo y bruma. Stirling, es la tierra de William Wallace. Todos recordamos a Mel Gibson en su papel de Wiliam Wallace en Braveheart, el heroico soldado escocés que luchó contra el Rey Eduardo I de Inglaterra en la Guerra de la Independencia de Escocia. Pues Stirling es su tierra. Este encantador pueblecito, con castillo incluido, ha sido testigo de innumerables batallas, como la del Puente de Stirling. A lo lejos, entre las montañas, encontramos otro de sus homenajes: la torre Monumento Nacional a William Wallace.
Por si esa imagen no fuera de por siÌ cautivadora, las islas de la costa oeste son la invitación definitiva para zambullirse en el agreste paisaje de las Highlands: Islay, cuna de whiskies con aroma a turba y mar; la salvaje Mull, o Jura, en cuyas soledades el escritor George Orwell escribioÌ su novela “1984”.
Los 26.484 km cuadrados que configuran las Tierras Altas son una gigantesca matrioska repleta de otras maÌs pequeñas, que atesoran las esencias escocesas. Los escenarios carismáticos de la región en los que naturaleza, historia y leyenda se funden. Como Glencoe, el valle al que cada año llegan miles de visitantes en busca de su belleza. Evocador, misterioso y magnífico, es la esencia de Escocia. Sus cumbres enmarcan prados infinitos donde sólo las ovejas y unas pequeñas cottages (cabañas) rompen la continuidad del verde.
AquiÌ se encuentran, por ejemplo, algunos de los accidentes geograÌficos maÌs importantes del paiÌs. Como el loch Lomond, cuyos 39 km de longitud y ocho de anchura lo convierten en el mayor lago de Gran Bretaña. “Loch”, es la palabra escocesa para definir las masas de agua que salpican las montañas, innumerables a medida que avanzamos rumbo al norte.
Otros escenarios ineludibles de las Tierras Altas en los que se funden la historia y los paisajes impactantes es, por ejemplo, el castillo de Inveraray, la joya de Argyll. Con el loch Fyne como teloÌn de fondo, esta fortaleza residencia es uno de los ejemplos majestuosos de arquitectura escocesa del siglo XVIII. Su construccioÌn duroÌ entre 1746 y 1758, con una decoracioÌn interior a cargo de Robert Mylne, paneles pintados de Français Guinand, y maravillas tales como su la sala de tapices.
AdemaÌs de los caprichos geoloÌgicos y la historia que forjó el caraÌcter de los montaraces de las Tierras Altas, esta región atesora rincones donde el misterio es ley. Para pulsar esa extraña sensacioÌn soÌlo hay que vagar un rato por las ruinas de Kilchurn Castle. Construido por Sir Colin Campbell de Glenorchy en 1440, eÌl es el guardiaÌn del loch Awe. “Awe”, temor, es un nombre idoÌneo para un lago en cuyas profundidades, seguÌn la tradicioÌn, dormita un monstruo legendario.

Sin duda, otro excelente punto de partida para recorrer la regioÌn es Inverness , capital de las Highlands, una bonita ciudad que vive de cara al riÌo. Llena de edificios georgianos y victorianos, son muchos los apasionados de las caminatas por las montañas escocesas que hacen de Inverness su campamento base antes de embarcarse en rutas a pie o en bicicleta como la Great Glen Walk , un sendero de 117 kiloÌmetros que une Inverness y Fort William, con regalos para la vista tan espectaculares como la cascada Cia Aig precipitaÌndose en el loch Arkaig.
Recalar en Inverness tambieÌn permite acercarse a un enclave ineludible para comprender la historia de las Highlands: a tres kiloÌmetros se encuentra el paÌramo Drummoisse, escenario de la batalla de Culloden, tan bien recreada en la exitosa serie Outlander. Los 5.000 highlanders de las tropas jacobitas se jugaron ese diÌa, al todo o nada, su estilo de vida. Perdieron –unos 2.000 dejaron la vida en el paÌramo– y su derrota supuso el eclipse de la vida tradicional de las Tierras Altas: el Disarming Acts obligoÌ a los escoceses a entregar las armas y las gaitas, consideradas armas de guerra, mientras que se prohibioÌ el plaid, la vestimenta tradicional highlander, y los jefes de los clanes fueron reducidos a meros terratenientes. Para imaginar la magnitud de la batalla es recomendable visitar el Culloden Battlefield & Visitor Centre.
Pivotando a este y oeste de Inverness, esta parte de las Highlands aguarda a los amantes de los escenarios evocadores con algunos de sus rincones naturales maÌs priÌstinos. A 25 km al oeste del Loch Ness se encuentra el que para muchos escoceses es el enclave maÌs hermoso del paiÌs: Glen Affric, una Reserva Natural cuyos contornos estaÌn salpicados de lagos, montañas y uno de los pocos bosques caledonianos de pino escoceÌs.
Esta zona acoge otra coordenada de primer orden como es el Cairngorm National Park, el macizo que se extiende a lo largo de 260 km2 por el centro de los montes Grampianos. El Parque Nacional, con cimas como el Ben Macdui (1.309 m), es la siÌntesis de la naturaleza en estado puro. Una interesante escapada es la que, tras embarcarse en el tren funicular Cairngorm Mountain Railway y elevarse hasta las alturas, brinda el Coire Cas Mountain Trail: se trata de un sendero de unos 4 kiloÌmetros (1h 30 min) apto para todos los perfiles de caminantes, sin obviar pequeñas poblaciones con encanto como Aviemore o Tomintoul.
Aunque si lo que se buscas es grabar en la memoria una estampa que condense todos los elementos de las Tierras Altas, lo mejor es poner rumbo hacia el Eilean Donan Castle . No hay castillo escoceÌs que condense mejor la teatral belleza paisajiÌstica de las Tierras Altas como eÌste. Llegar hasta el ancestral baluarte del clan MacRae cuenta con notorios alicientes, entre ellos recorrer el angosto valle de Glenshiel, en cuyas alturas se recortan las Five Sisters of Kintail, cinco cimas que son todo un triunfo para los "munrobagging", los coleccionistas de ascensiones de munroes (Munro en Escocia, es una montaña de más de 915 m).
Situado en la confluencia del loch Alsh y el loch Duich, frente al pueblecito de Dornie, contemplar el Eilean Donan, recortado entre la bruma y con las montañas de la peniÌnsula de Kintail como teloÌn de fondo, es un espectaÌculo sublime. Y, en buena medida, un dejaÌ€ vuÌ: inmortalizado por el cine, gracias a la peliÌcula "Highlander" (1985), protagonizada por Christopher Lambert y Sean Connery, su magnetismo ha hecho de esta fortaleza la maÌs fotografiada de Escocia. Visitar el Eilean Donan es lo maÌs parecido a abrir un cofre repleto de tesoros, una vetusta cajita de piedra llena de las esencias de las irreductibles Highlands escocesas.

Balmoral, Braemar y Ballater, los Highlands de la reina
Balmoral es el refugio de Isabel II, monarca del Reino Unido. Aquí ha pasado todos los veranos de su larga vida. Este maravilloso castillo escocés en las puertas de los Highlands (Tierras Altas), es el entorno ideal para caminatas, picnics, paseos a caballo y perros, muchos perros. Porque la reina siempre está rodeada de perros de raza corgi. Los caballos y los perros son las dos pasiones de la reina Isabel II y los Highlands es el lugar óptimo para que pueda disfrutar de ellos.
El Castillo de Balmoral no pertenece al patrimonio nacional, es propiedad directa de la soberana, puesto que lo compró su abuelo el príncipe Alberto en 1852 para su esposa la Reina Victoria. Un regalo del generoso esposo a su mujer y que ha heredado de su padre, el rey Jorge VI.
La reina Victoria describía Balmoral como «su querido paraíso en las Highlands» y sigue siendo la residencia privada familiar. Cuando la familia real no se encuentra alojada, los visitantes pueden disfrutar de exposiciones en el salón de baile, la sala más grande de la casa, y caminar por los preciosos jardines y terrenos.
Esta enorme propiedad, ocupa 20.000 hectáreas de bosques, colinas y pastizales albergando animales como ciervos y ardillas. En la finca, además, hay una destilería de whisky de malta (Royal Lochnagar) y algunos cottages que se pueden alquilar. Sin embargo, no hace falta formar parte de la familia real para visitarlo. Royal Lochnagar, organiza catas y visitas previa reserva. Aquí se produce uno de los whiskys escoceses más exclusivos.
A escasos 15 minutos de Balmoral, por una preciosa carretera, llegamos a la encantadora localidad de Braemar. Esta tradicional localidad, acoge anualmente uno de los eventos más notables y elitistas del verano escocés. El denominado Braemar Gathering, un espectáculo digno de conocer que se celebra cada primer sábado de septiembre. Pruebas deportivas a cargo de fortachones escoceses que tiran larguísimos troncos o pesadas bolas. Desfiles, concursos de danzas y bandas de gaitas. Desde que en 1848 la reina Victoria asistiera a los juegos de Braemar, el monarca británico reinante y la familia real, asisten cada año a este evento. El origen de estos torneos se remonta al sistema de clanes de Escocia. Los jefes de cada clan se identificaban por el color de sus tartanes y kilts. Todo muy auténticamente escocés.
En el centro de Braemar, atractivo, turístico y tradicional, se descubren las vinculaciones con la realeza, que remontan casi 1000 años. Para darle más brillo y esplendor a esta localidad, en 2019 se reabrió e inauguró un lujoso y ecléctico hotel “The Five Arms” (Los cinco brazos). Combina la tradicional decoración escocesa con la contemporánea y hasta hay un Picasso colgado en sus paredes. Todo digno de los ilustres visitantes que acuden a Braemar.
Ballater, es una población victoriana cercana al Castillo de Balmoral, que tiene ese aire señorial de los Royals. En Ballater es posible dormir en una iglesia. Sí, en una antigua iglesia. The Auld Kirk, una iglesia victoriana reformada y reconvertida en B&B. La propietaria es muy amable y el lugar confortable, además de original. En esta misma localidad, la Royal Station, destruida por un incendio en 2015, ha sido restaurada y volvió a abrir en 2018. El interior de la sala de espera real ha sido restaurado garantizando su esplendor de otros tiempos. El exterior del nuevo edificio es casi idéntico al anterior. Por ser la estación más próxima al Castillo de Balmoral, ha sido testigo de la llegada de algunos miembros de la familia real. Actualmente alberga un centro de información para visitantes.
Si se deja atraÌs la historia de las Highlands para adentrarse en su halo legendario el Loch Ness es la coordenada perfecta. Ya sea para entrever con la imaginacioÌn el espinazo de “Nessie” (el famoso monstruo), como para conocer los muchos otros atractivos del Great Glen, la estrecha falla geoloÌgica que la erosioÌn glacial horadoÌ en forma de valle profundo con tres lagos engarzados: el Ness, el Oich y el Loch.
En Urquhart Castle, vislumbrar las brumas del lago, deambular por sus muros y estancias de esta fortaleza del siglo XVI – sus cimientos datan del siglo XIII, aunque su origen es maÌs antiguo, ya que se asienta sobre los restos de un broch (torre de piedra) de la Edad de Hierro– es hacer un viaje al pasado ancestral de las Highlands. Puede que el Castillo medieval de Urquhart no sea tan famoso como el lago junto al que duerme, pero sí es una visita obligada para todos los que acuden al Lago Ness en busca a su legendario monstruo. De hecho, es el tercer lugar más visitado del país. De su pasado glorioso sólo quedan las ruinas de la Torre del Homenaje, hoy convertida en un centro de interpretación.
El agua se encuentra omnipresente en las Highlands y sus habitantes siempre han tratado de domarla. Desde Fort Williams pueden visitarse las escaleras de Neptuno, un interesante complejo de esclusas que forma parte del Caledonian Channel: un canal que atraviesa Escocia de este a oeste a través de sus lagos, en cuyas esclusas dormitan las barcazas de pescadores.
En la distancia, si la niebla lo permite, contemplar el perfil del Ben Nevis (1.345 m), el pico maÌs alto de Gran Bretaña, es una postal imborrable. Dicen que “el corazón de Escocia se encuentra en el Ben Nevis”. Es la reina de las Highlands, se yergue junto al mar recibiendo a pecho descubierto todas las borrascas atlánticas que barren el norte de Escocia. Desde su cima, se descubre el corazón de este bello país frío e inclemente. Con buen tiempo, el ascenso proporciona unas vistas inolvidables de las Tierras Altas, pero hablar de sol en Escocia es como pedir lluvia en Sevilla.
Fort William tambieÌn es parte de uno de los recorridos ferroviarios maÌs singulares de Escocia. Se trata del Jacobite Steam Train, un tren a vapor que, de mayo a octubre, traquetea paralelo a la “carretera de las islas”, un fastuoso recorrido entre Fort William y el puerto de Mallaig. The Jacobite Steam, ha sido declarado en varias ocasiones como el recorrido en tren más espectacular del mundo. Este antiguo ferrocarril recorre 136 Km (entre ida y vuelta) de impresionantes paisajes y escenarios de míticas películas como Rob Roy o Braveheart. Otra joya de esta carretera, es el Glenfinnan Monument. Erigido en la cabeza del loch Shiel, el paisaje invita a hacer un picnic junto al lago o hacer la fotografiÌa de rigor al viaducto de Glenfinnan, escenario de Harry Potter y la CaÌmara Secreta. Las influencias de J.K.Rowling, la autora de la saga, son bien visibles al atravesar el agreste paisaje que nos conduce hacia la isla de Skye. Resulta sencillo imaginar hechiceros y alquimistas habitando castillos como los que se asoman a la carretera A87, y que nadie se sorprenda si, en una curva peligrosa, se le aparece una compañía fantasma de soldados españoles. Seguramente provengan del Loch Duich, un bello lago que acoge en sus aguas el célebre castillo de Eilean Donan y los huesos de los hispanos que un lejano día de 1719 se atrevieron a tomarlo para quemar las barbas del rey de Inglaterra.

Skye, la isla más famosa de cuantas haya en Escocia, es bella, salvaje, impredecible e independiente, lo suficientemente cercana a tierra como para no estar aislada, y demasiado alejada como para formar parte de algo que no sea su propia esencia. Skye es un Marte húmedo, un desierto de agua y musgo salpicado por casas que desafían la furia de los temporales.
El puerto de Elgol, en la costa occidental de Skye, es uno de esos lugares que podrían aparecer en las postales enviadas desde el fin del mundo. Sus aguas son negras y las montañas y pequeños fiordos que lo rodean no invitan a navegarlas, aunque exista un buen motivo para hacerlo. Frente al puerto se encuentra la isla de Soay, paraíso de focas y aves que habitan bajo sus imponentes acantilados, aferradas a un trozo de tierra inaccesible durante la mayor parte del año.
Si no se sufren mareos, es aconsejable tomar el barco en Elgol que rodea la isla de Soay para averiguar cómo era el mundo, virgen, salvaje y frío, antes de que los humanos nos propusiésemos cambiarlo.
La Isla de Skye alberga un paisaje abrumador ideal para descubrir caminando. Con una belleza sobrenatural, las montañas de Quiraing se perfilan con grandes pináculos y escarpados acantilados. Una invitación que no podemos rechazar es la subida a su cima. La llegada tiene premio: las vistas sobre la isla son únicas.
El paseo más famoso de la isla de Skye, y sí, también el más concurrido, conocido de forma coloquial como "el viejo": el Old Man of Storr es un gran pináculo de roca que se alza de forma magistralmente vertical, tanto, que se puede ver a kilómetros de distancia. Llegar a sus pies lleva unos 45 minutos, y subirlo, puede que toda la vida: es aparentemente imposible de escalar, pues la proeza sólo se ha llevado a cabo por un puñado de alpinistas.
Otro lugar para descubrir y grabar en las retinas, es el Lago Harport y las colinas de Cuillins, de origen volcánico. Aquí los prados forman un lienzo que incluye todas las tonalidades posibles de verde. La mejor forma de disfrutarlo es alojándonos en una de las tradicionales cottages que salpican el paisaje.
Para completar la visita a las Highlands resulta imprescindible dormir en un lodge, vivienda típica de la zona caracterizada por su modesto tamaño, tejados de pizarra y ubicación aislada integrada en el entorno. Hay cientos de ellos en las Tierras Altas, algunos ubicados en lugares emblemáticos como el mítico valle de Glencoe o sobre los acantilados de Durness, refugios donde siempre podremos encontrar un fuego caliente, para abrigarse del frío si visitas Inchnadamph.
Esta diminuta agrupación de casas a la que no puede siquiera calificarse como pueblo se encuentra perdida y a la vez accesible, aislada del mundo como lo estuvo hace 45.000 años, cuando osos de las cavernas, tigres de dientes de sable y mamuts lanudos caminaron por la orilla de su lago. Sus huesos reposan en las cuevas cercanas a Ichnadamph como un recordatorio de que las Highlands siempre han pertenecido a la Naturaleza. Lo único humano que ha logrado sobrevivir a su belleza es, literaria y literalmente, la cerveza.
Escocia no podría entenderse sin sus Highlands, sus leyendas, sus islas del norte, sus pequeños y remotos pueblos rurales o sus paisajes sobrecogedores. Este país es un paraíso donde el verde no encuentra límites tonales y donde la esencia más auténtica se sirve en pequeñas dosis.
Por: Bea Call Contenidos. / @beacallcontenidos / m.me/BeaCallcontenidos
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Por Flavia Tomaello / noviembre 2019
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