En Guatraché, provincia de La Pampa, existe un lugar que parece detenido en el tiempo, donde las horas y los días pasan a otro ritmo, con sus propias costumbres, creencias y cultura. La ruta de ingreso a nuestro destino, genera la sensación de haber entrado en un túnel que nos lleva a cientos de años atrás: las casas con parcelas labradas, los “buggys” cruzando por el camino lateral (no se trata de autos con aires playeros, sino que así denomina la comunidad a sus carros tirados a caballos), el galpón de trabajo del jefe de familia, la ropa tendida lavada en lavarropas con paletas, los niños jugando libremente por el lugar.
Se trata de una colonia menonita llamada “La Nueva Esperanza”, que nació en 1985, cuando sus primeros colonos, llegaron desde Bolivia y México, en busca de un lugar donde poder vivir bajo sus normas religiosas y sus costumbres sin interferencias. Hoy, la comunidad tiene 1692 integrantes y, si bien es cerrada, es descripta por sus visitantes como muy hospitalarios y curiosos.
Este grupo además de dedicarse a la labranza de la tierra (alrededor de diez mil hectáreas trabajadas y divididas entre familias en distintos grupos), cuentan con casi 100 metalúrgicas y más de 40 carpinterías, todas industrializadas. Construyen silos, carros (transporte de caballos, carros tolvas, y mucho más) muebles de gran porte, tinglados, etc. También producen lácteos, embutidos y otros alimentos, que conforman su propia microeconomía.
Su estilo de vida sencillo. La energía eléctrica, sólo se utiliza para el trabajo, pero no para bienestar y confort. Como trabajan de sol a sol, cuando anochece, los motores se apagan y sus hogares se iluminan con faroles sol de noche. No tienen televisión, ni otros progresos de la vida moderna, salvo pocas excepciones (Ej. secarropas para ayudar con el secado de las prendas). Las relaciones con el mundo exterior quedan restringidas a la compra de materia prima, venta de productos elaborados, y actividades alternativas como la gastronomía, que ofrecen las familias de la colonia a los visitantes: Exquisitos platos absolutamente caseros como varenikes de ricota (con crema de leche y salsa boloñesa), flan con dulce de leche (de producción propia), entre otros.

Se distinguen por sus vestimentas modestas y su entendimiento de la fe cristiana, en la que es muy importante mantenerse apartados del mundo. Ellos, los hombres, van de mamelucos y gorras, que usan desde niños. También, puede verse a los adultos con trajes y sombreros, en determinadas ocasiones. Ellas de vestidos y delantales, con largas trenzas que acomodan en sus espaldas. Las mujeres solteras se cubren la cabeza con una pañoleta blanca, o no se la cubren. A veces, también sombreros para paliar el rotundo sol pampeño. Las que están casadas cubren su cabeza con una pañoleta negra. Para asistir a la iglesia los vestidos tienen que ser de un solo color. También usan faldas largas, pero siempre en tonos oscuros. La vestimenta típica es fabricada por ellas mismas.
Sus rasgos europeos –cabellos rubios, ojos azules transparentes y piel muy blanca– son un indicador de que los matrimonios se realizan sólo entre integrantes de la comunidad.
Es muy importante conocer y comprender la dinámica de esta sociedad. A simple vista, se la suele rotular de machista, pero cuando uno se adentra en su vida diaria, descubre como engarzan los roles de unos y otros. Cómo las mujeres son respetadas, valoradas y muchas veces hasta mimadas, tal vez mucho más de como sucede en nuestra sociedad. A modo de ejemplo, cuando una mujer da a luz y vuelve a su casa, durante una semana permanece en la cama con su bebé y es contenida y atendida, sea madre primeriza o sea el decimotercer hijo que tenga, y durante un mes, le llevan el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena, a modo de mimo.
Las sobremesas nocturnas, de largas e interesantes charlas familiares a la luz del farol, son el momento en que todos comparten y, donde la voz de la madre es siempre escuchada con atención.

La educación que reciben las niñas y niños desde pequeños (van al colegio desde los 5 o 6 años hasta los 12 o 14) es igual para todos. Además de matemáticas, física, aritmética, geometría, tan necesarias para el trabajo, la enseñanza se basa ante todo, en aprender a leer y escribir en imprenta, cursiva y letra gótica en Alemán Alto (el alemán que aprendemos cuando vamos a un instituto de idiomas). El aprender éste tipo de alemán, les permite tener acceso a una amplia variedad de libros, además de la biblia. Pero desde que aprenden su primer palabra, el idioma que hablan es el “plautdietsch”, un dialecto del bajo alemán, parecido hasta cierto grado al holandés -neerlandés que se habla en Holanda- o al flamenco -neerlandés que se habla en Bélgica-. Este es el idioma común de todos los menonitas, no importa en qué parte del mundo viva.
También hablan español, aunque en general, y más especialmente las mujeres, tratan de no hacerlo, como una manera de preservarse, y no interactuar demasiado con las personas no pertenecientes a su comunidad.
Los niños en la cultura menonita no trabajan, pero sí colaboran con las tareas de la casa, las cuales aprenden de pequeños junto a sus padres. Poner la mesa, juntar los huevos para cocinar, asear la casa, coser, cocinar, entre otros quehaceres diarios.
De espíritu pacifista (niegan cualquier servicio con armas), los ejes de su vida, además del trabajo son: El Bautizo, el Noviazgo, las Bodas, la Pascua, la Navidad, el Año Nuevo, Epifanía (Reyes) y los Funerales. La religión, que viene del ala protestante, ocupa un espacio central en torno al cual gira su mundo. Son seguidores de Menno Simons (1496 -1561), que fue un líder religioso anabaptista de los Países Bajos. Simons fue contemporáneo de los reformadores protestantes y sus seguidores fueron conocidos como menonitas.
En la comunidad, la tecnología es utilizada sólo para el trabajo, por ejemplo en las máquinas para la metalurgia y la carpintería. Respecto específicamente el uso de celular, sólo está reservado para unos pocos integrantes, que lo utilizan como nexo con el exterior, y sólo para fines comerciales.
No hay televisión, ni aires acondicionados, ni computadoras. Posiblemente los jóvenes saben de su existencia, pero pesa más la prohibición que la utilización, y esto vale en todo aquello que pueda distraerlos de sus reglas, del culto religioso, y de la dedicación al grupo familiar. Con el paso de los años, esto no cambió sino que se afianzó. Un ejemplo es que los domingos están reservados para el culto y no realizan otras actividades más que concurrir a la iglesia y a la reunión familiar. Todo aquel que se resiste a este modelo de vida, que se transmite de padres a hijos, es expulsado de la comunidad sin miramiento alguno.

Visitar la colonia menonita de Guatraché, es sin dudas una experiencia absolutamente distinta. El lugar es bastante árido y despoblado y presenta temperaturas muy altas en verano, por eso se recomienda planificar la visita de febrero a noviembre. Se puede ir todos los días, menos los domingos (dedicados a la religión y la familia), pero es mucho mejor ir en una visita guiada, con alguien conocido por los miembros de la comunidad, que ya cuentan con su confianza y predisposición, y se puede coordinar de antemano las actividades.
Te recomendamos muy especialmente a María Estela Campo de Excursiones Guatraché, que desde hace 14 años acompaña a aquellos interesados por conocer La Nueva Esperanza: Instagram: @visitas_menonita . En FBK: @visitaColoniaMenonita o Whatsapp: +54 92923 426936.
Los mismos coordinadores suelen aclarar -“La visita será desde el respeto a una cultura diferente a la nuestra y es por eso que les pido que sigan mis indicaciones durante el recorrido ya que no todos los integrantes de la comunidad les interesan recibir turistas y mucho menos ser fotografiados”-.
El consejo, es ir despojados de toda ansiedad por abordar a los locales con cámaras fotográficas o celulares. Hay que tomarse el tiempo de bajar revoluciones, conectar con el lugar y con su cadencia. Para tratar de entablar conversación y contacto con los locales, siempre hacerlo con absoluto respeto, dándoles tiempo para vencer en muchos casos su timidez o resguardo ante “lo diferente”, de modo que ellos sientan que se respeta su privacidad y su idiosincrasia. Si se tienen éstos recaudos presentes, se podrá disfrutar de su hermosa hospitalidad, deliciosos almuerzos o meriendas, y conocer sobre su cultura y creencias en primera persona.
Por: Bea Call Contenidos. / @beacallcontenidos / m.me/BeaCallcontenidos
PH. Mónica Vila / @monicavila_photo
Agradecimiento especial a : Ma. Estela Campo de @visitas_menonita
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