Belleza, gastronomía, cultura, shoppings y naturaleza; Qatar es el destino que se va a poner de moda en 2022, y aquí te lo contamos al detalle.
Ni aun vislumbrando desde el aire esa península que flota en el Golfo Pérsico, es posible hacerse una idea de todo lo que espera ahí abajo, pero lo que sí hemos podido comprobar a estas alturas es la hospitalidad que tan apropiadamente define a Qatar.
El aeropuerto de Hamad, en Doha, es lo más parecido a una obra de arte, con cuadros de diseño, formas abstractas y esculturas para perderte, una gran bienvenida a la ciudad. Porque, desde que bajas del avión, la verdad, hay que prepararse. La combinación de cultura, historia, aprendizaje y belleza, no se encuentra en todos los sitios. Hay que fijarse en los pequeños rincones y en las cosas más minúsculas, ahí también se esconde la verdadera magia.
Una vez en las calles de Doha, dejate embriagar por su ambiente tranquilo y seguro mientras palpas su tradición, presente entre toda la modernidad que la rodea. La capital de Qatar huele a azafrán y cardamomo, especias que mezcladas con el aroma de nueva mega urbe, muestran una ciudad elegante ante el mundo sin olvidar su legado beduino.
Entre playas y desiertos, Qatar ofrece un sinfín de propuestas de ocio y cultura que crecen sin mesura para demostrar que aquí hay que alejarse de todo cliché. Su mezcolanza cultural –tan solo el 12% de la población es catarí– se hace cada vez más evidente en los numerosos restaurantes, hoteles, museos y galerías que colman los diferentes distritos de Doha, mostrando varias ciudades en una misma con el lujo y el diseño por bandera.

Recorriendo Doha
La Corniche es la arteria por la que toda la evolución de Doha fluye. Siete kilómetros de paseo marítimo en forma de media luna con vistas a despampanantes edificios. Entre ellos se encuentra el hotel Sheraton, el primer cinco estrellas que abrió hace 45 años cuando aún todo era desierto.
En el agua, los dhow –barcas tradicionales de pescadores– siguen acunando largas jornadas en el golfo Pérsico, ahora con turistas a bordo. ¿Y si nos quedamos un poquito más para ver el atardecer ante estos impresionantes rascacielos?
Playa, actividades acuáticas, cultura, galerías de arte, boutiques, mezquitas, restaurantes, conciertos y hasta un anfiteatro de estilo griego se dan cita en Katara Cultural Village. Este complejo aúna la mejor oferta de Catar junto a una de las playas de más fácil acceso del país, en la que aguas de azules cristalinos reflejan el futurista skyline de Doha.
21 High Street, una avenida con tiendas de lujo entre las que se encuentran las Galerías Lafayette, contrasta con el resto de construcciones tradicionales provocando una espectacular fusión de pasado y presente.
Un poco más adelante llegamos a The Pearl, una isla artificial inspirada en Venecia con glamorosos restaurantes, boutiques y cafeterías repartidas junto a un puerto deportivo.
La Isla de la Perla, es un proyecto urbanístico que consiste en un complejo residencial de lujo, construido en territorio marino. Tiene unos 4 kilómetros cuadrados de superficie ganada al mar. Cuenta con villas lujosas, complejos hoteleros, tiendas y restaurantes de lo más top y torres de apartamentos premium. Aunque fue inaugurada en 2012 no se deja de hablar de ella, y es que ya cuenta con muchísimos residentes, pero están trabajando para que aún puedan alojarse en toda la isla miles de personas más. El Qatar Quartier, es muy famoso y su arquitectura es preciosa.
Los Shoppings son uno de los espacios más famosos, existen complejos de todos los tamaños y todo tipo de tiendas, desde shoppings de lujo, hasta unos más familiares. Una curiosidad… de las rejillas del suelo sale aire acondicionado, para poder soportar el calor imposible en verano.
De los restaurantes podríamos hablar durante horas, pero vamos a centrarnos en los sitios más aclamados donde comer en Qatar, el restaurante Bibo, por ejemplo, situado en Al Gassar Resort, Doha, del chef español Dani García.
El restaurante Nobu, en el Four Seasons, el Diplomatic St. Morimoto, un japonés reconocido internacionalmente situado en el hotel de 5 estrellas Mondrian Doha. Smat, un sitio muy especial de platos originales cataríes; situado en el Orient Pearl Restaurant y, finalmente, Vértigo lo podemos encontrar en Banyan Tree Doha.
A unos 20 minutos en coche hacia el oeste, podés visitar la Ciudad de la Educación. 12 kilómetros cuadrados que albergan once escuelas y nueve universidades entre las que figuran sedes de prestigio como Georgetown University Qatar o University College London. Alumnos de más de 50 países estudian en este singular campus universitario que cuenta con alojamiento para los estudiantes, varios parques, una moderna mezquita, un estadio o un espacio para celebrar graduaciones con el sello del premiado arquitecto Arata Isozaki.
Otros célebres nombres firman la apabullante arquitectura que se concentra en esta ilusoria ciudad universitaria. Es el caso de la Biblioteca Nacional, diseñada por Rem Koolhaas, un espacio futurista que además funciona como universidad de investigación. Tampoco podemos olvidarnos de Al Shaqab, un centro de equitación y cría de caballos árabes que tiene hasta su propio centro de belleza con gimnasio y piscina.

La cultura, un «must» indispensable y diferente
A Doha le gusta el arte, y lo dejó claro con la apertura del imponente Museo de Arte Islámico, que agrupa la colección más amplia de arte islámico del mundo. El edificio, asentado sobre una isla artificial, fue diseñado por Ieoh Ming Pei, artífice de la pirámide del Louvre parisino.
También nos impresiona con el Museo Nacional, del reputado arquitecto Jean Nouvel. Inspirado en los pétalos de las rosas del desierto, rocas sedimentarias de gran belleza compuestas por cristal y arena, fue construido alrededor del palacio del jeque Abdullah Bin Jassim AlThani. Esta obra de arte en sí misma encierra pedacitos de la cultura e historia catarí en un sutil recorrido elíptico que asciende y desciende por 12 galerías de forma imperceptible. Una de sus joyas más importantes es la alfombra de perlas de Baroda, que iba a cubrir la tumba del profeta Mahoma en Arabia Saudí. Además de contener un millón y medio millón de perlas, está elaborada con piedras preciosas.
El restaurante Jiwan de Alain Ducasse, en la parte superior del museo, termina de conquistarnos con una oferta local reinventada en la que las vistas desde su terraza acompañan el deleite de los platos.
A 20 kilómetros al oeste de Doha, se ubica el Museo Sheik Faisal Bin Qassim Al Thani, alojado en un fuerte tradicional. El lugar acoge la colección privada del emir compuesta por alfombras persas, monedas, armas, coches de época y juguetes antiguos entre otros objetos extravagantes.
Otro de los mayores ejemplos de que Doha se está transformando en arte, es la antigua estación de bomberos convertida, en 2014, en punto de encuentro para artistas y amantes del arte. Pero la revolución del arte en uno de los países más ricos del mundo se puede sentir hasta en los recovecos del distrito de Msheireb Downtown, donde las lujosas casitas contrastan con coloridos grafitis de Mubarak Al-Malin, artista local.
Esta atractiva zona de Doha cobra un renovado aspecto por medio de una arquitectura inspirada en la herencia catarí, todo un proyecto de regeneración sostenible.
De compras por Souq Wafiq
Resulta tentador entrar en las elegantes tiendas y centros comerciales que ocupan cada rincón de la ciudad, pero, a la hora de hacer unas compras, es más emocionante dejarse llevar por el pasado de los zocos. Hasta Souq Wafiq acudían los beduinos para intercambiar animales, aunque el entramado laberíntico de casas de adobe no se levantó hasta finales del siglo XX.
Las sinuosas calles fueron remodeladas hace algunos años y están perfumadas por las sishas de sus cafeterías y las especias de sus establecimientos. También relucen por el oro que se vende en las tiendas, en las que el regateo resulta más arduo que en otros países de la zona. Entre varios comercios de artesanía encontramos una tienda de perlas regentada por un antiguo buzo pescador de estas piedras preciosas.
En Souq Wafiq no falta un corral de camellos, y un zoco destinado a la venta de halcones y de sus accesorios, aunque, sin lugar a dudas, lo que más asombra es entrar en un hospital de halcones para terminar de apreciar la importancia de la cetrería en Catar.
Llega la hora de cenar y el restaurante Parisa deslumbra con espejos, antiguas lámparas de cristal y maravillosas especialidades árabes que te hacen sentir en un palacio persa.

Un mar en un desierto
Al sur de Doha, el desierto muestra el decorado más natural de Qatar. Para conocerlo, podes subirte a un todoterreno que, tras desinflar un poco las ruedas, se convierte en el mejor medio con el que sortear gigantescas dunas y derrapar por ellas desatando toneladas de adrenalina. El destino es Khor al Adaid, un mar interior reconocido por la Unesco como Reserva Natural.
Tras surfear por infinidad de montículos de arena, se abre ante tus ojos uno de los pocos lugares del planeta en el que el mar se adentra en el desierto. A lo lejos, el sol colorea el paisaje con tonos mágicos mientras se esconde sobre Arabia Saudí, al otro lado de esas aguas arábigas.
En la parte sur de Qatar, podes disfrutar de un delicioso té local y, si lo deseas, también podes hacer una ruta a camello. Pero también hay otro tipo de actividades nocturnas no tan famosas y más relajantes y únicas, como glampings en el desierto, para pasar una noche mágica entre las dunas y el mar.
Qatar combina la tradición árabe con la modernidad actual, sin perder la esencia y, aunque en realidad esta ciudad no es enorme, alberga tesoros, cultura, actividades y paisajes que son imprescindibles de ver, te sorprenderán en cada momento.
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