Muy cerca del Mediterráneo, en la frontera entre Cataluña, Aragón y Valencia se encuentra Matarraña, una comarca pequeña donde en sus cincuenta kilómetros de norte a sur, albergan un espacio cultural y natural único que le ha llevado a ganarse el sobrenombre de la Toscana española.
Escondido entre el Maestrazgo, el Bajo Aragón y al sur de la provincia de Tarragona se encuentra Matarraña, uno de esos territorios que recuerdan que para encontrar el edén no hay que irse al fin del mundo. Hay tanto que ver, saborear y con lo que deleitarse que se necesita tiempo y, sobre todo, no tener prisa para disfrutar plenamente de su forma de vida y la excelencia de sus alojamientos.
Si tuviéramos que decantarnos por uno de sus principales atractivos turísticos, sin lugar a dudas nos quedaríamos con sus fantásticos pueblos medievales que invitan a perderse entre callejuelas adoquinadas y con una personalidad propia que uno debe descubrir con sus propios ojos.
Una de las paradas fundamentales en esta ruta por Matarraña es Valderrobres, la capital y corazón de la comarca. Pero fascinan también otros pueblos, como Calaceite, Cretas, Beceite, Fuentespalda, La Fresneda o Ráfales, verdaderas reliquias históricas que bien merecen un alto en nuestro camino.
La historia del Matarraña se pierde en los albores del tiempo. Del mismo modo que ocurre en la Toscana con los etruscos, los primeros pobladores que dejaron una huella importante en este territorio -construyendo los primeros poblados y necrópolis de piedra- fueron los íberos. Es más, entre estos antiguos poblados se cuentan algunos de los ejemplos más interesantes de todo Aragón.
La carretera provincial tiene solo un carril por sentido. Es ondulante y va a dar a ermitas, túmulos ibéricos, masías, casas de labranza y a dieciocho pueblos que aparecen escénicos repartidos por toda la comarca. Todos ocres, terrosos, apiñados.
Son pueblos en los que los viejos se sientan afuera por la tarde y miran pasar los turistas, porque aún no están acostumbrados a que un forastero encuentre interesante las mismas calles y lugares en los que han transcurrido sus vidas. Textura de añil desconchado, maderas antiguas, aspereza de sillería, gatos adormilados en los portales, flores en los rincones, hierba en las grietas, sombras húmedas, antigüedad. El chapurriau, el catalán que se habla en esta zona de Aragón, juguetón y saltarín, se escucha en los bancos, en las tiendas, en el fondo de las casas.
Parecen iguales, pero al pasearlos cada uno se muestra diferente: Beceite tiene sus molinos de papel; Calaceite, su calle Mayor, la fachada de su iglesia y el atardecer desde el poblado ibérico de San Antonio; Cretas, su capilla de San Roque y sus casquetas del Horno Llerda; Fórnoles, su calle del Castillo; la Fresneda, su plaza Mayor y las ruinas cercanas del santuario de la Virgen de gracia; Fuentespalda, la casa de los Belsa; Peñarroya de Tastavins, sus balcones de madera y la ermita de la Virgen de la Fuente; Ráfales, sus portales… Y así, una sumatoria de puntos geográfico que forma un cautivador atlas rural.

La Gastronomía
Capítulo aparte merece la gastronomía de la comarca, otra de las tentaciones que guía al viajero hacia estas tierras. Se trata de una cocina muy unida al territorio, de una gran riqueza y variedad, en la que adquieren una gran importancia los productos de la huerta. Uno de sus platos principales es “la hortera”, elaborado con frescas verduras guisadas, a las que mucho añaden unos puñados de caracoles. Otros platos típicos son el ternasco, el conejo al salmorejo, los tordos con olivas, las sardinas y el bacalao, además de productos muy sobresalientes como su exquisito aceite, los tomates secos o los embutidos procedentes de la matanza del cerdo, como el famoso jamón de Teruel.
La gastronomía permite disfrutar de la esencia más pura de un territorio. Es tierra de cordero, trufas, quesos, embutidos, jamón y oro amarillo: los olivos adquieren aquí una majestuosidad singular imbuida por este paisaje y por la existencia de una tradición milenaria, iniciada por los íberos y los romanos.
En cuanto a los postres, destacan las tortas de alma, las casquetas ((una receta típica de pastas dulces que recoge la esencia de Matarraña y del Bajo Aragón), o el conocido como “coc en mel”, una tentadora receta elaborada a base de harina, huevos, almendras, anís, mistela y miel, entre otros productos.
¿Qué no perderse? Una gran cantidad de propuestas gastro como el aceite con Denominación de Origen ('Aceite del Bajo Aragón), el jamón de Teruel, el vino de Calaceite, el ternasco de Aragón, los quesos de cabra artesanos de La Fresneda (Quesería Freixneda), las setas (hongos) en cuanto comienza la temporada en otoño, la miel, las almendras y para endulzar nuestros paladares encontramos la 'casqueta'.
Alguna de las direcciones en Valderrobres para recargar pilas tras una larga jornada de turismo o de actividades al aire libre son: La Papa Bonita para el picoteo, El Casino para tomarse el tradicional vermut, la Pizzeria Esencia para disfrutar de su terraza en las noches de verano, y El Baudilio para aquellos que busquen algo más de formalidad y probar las tradicionales recetas de la zona. ¡Sus carnes son increíbles!

Paseos y Actividades
“El paisaje sigue bello, casi intocable, el río Matarraña, los ancianos olivares en torno a Calaceite y sus cipreses…”, así escribía José Donoso sobre la comarca. La conoció bien, pues el chileno vivió en ella varios años. La descripción vale aún para hoy: sigue el paisaje bello. Un paisaje de naturalezas variadas, antagónicas, contrastadas. Un continente repleto de barrancos y sierras, murallas naturales, farallones, atalayas, los Puertos de Beceite. El Matarraña que le da nombre y el Tastavins dibujan un esqueleto que vertebra todo el territorio.
Si queres ahondar en las raíces históricas de Matarraña, debes visitar Calaceite. Su conjunto urbano es uno de los mejores conservados, y en él se encuentra el poblado Ibérico de San Antonio, uno de los yacimientos arqueológicos más impresionantes de la zona. Empresas como Rural Calaceite, organizan la ruta Llercavonia: una experiencia inolvidable que incluye visitas guiadas por historiadores y arqueólogos especializados en la cultura Ibérica, cenas maridaje en entornos increíbles, a la luz de las velas y con los mejores vinos y aceites el territorio, talleres con artistas de la zona y alojamientos en casas rurales de origen medieval.
La gran joya natural de Matarraña es sin lugar a dudas el Parque Natural de los Puertos de Beceite, un reducto de flora y fauna ideal para hacer rutas de senderismo o cualquier otra actividad al aire libre. Un imperdible, es el estrecho del Parrizal, una espectacular garganta natural de 60 metros de altura que lleva las aguas del río Matarraña. Habilitada para todo tipo de públicos, es un lugar de contacto con la naturaleza, con el agua, y la piedra que llama mucho la atención. Las pasarelas de madera acondicionadas hacen que se recorra con toda seguridad sin perder la sensación de estar viviendo una aventura. Pero además, el agua es la protagonista en los espectaculares parajes naturales como en la cascada en el Salto de La Portellada, con sus más de 20 metros de altura o las piscinas naturales de La Pesqueras, también son un lujo que merece la pena admirar y disfrutar. Los senderistas pueden hacer distintas rutas, como la que bordea las icónicas rocas del Masmut o recorrer parte de la Vía Verde desde Cretas.
Para los más pequeños, el Observatorio de Aves Mas de Bunyol es todo un programa, que permite ver el comportamiento de los casi 300 buitres que acuden cada día a la llamada de buitreman con la comida diaria. Esta gran colonia de buitres leonados, utilizan las rocas para hacer sus nidos y te aseguramos que ver a estos animales relativamente cerca es algo impresionante.
¿Y si viajas con niños? Te recomendamos que te pongas el traje de Indiana Jones y vayas en busca de los restos del dinosaurio saurópodo más completo encontrado en España, el Tastavinosaurus (o lo que es lo mismo, que guardes una mañana para visitar el Dinópolis de Tastavins).
Cuando se cruza la carretera de Fuentespalda, es posible escuchar un zumbido metálico que parece ir acercándose desde lejos. Si uno tiene la oportunidad de elevar la mirada, verá con toda probabilidad dos proyectiles humanos volando al mejor estilo superman.
La tirolesa de Fuentespalda es la más larga de Europa de doble cable. Tiene dos kilómetros de longitud. Sale desde 2000 metros de altura y llega a unos 800, cruzando todo el valle. En el punto más alto del recorrido hay 100 metros. Puedes alcanzar hasta 120 km por hora pero no lo llegas a apreciar porque no hay referencias de movimiento. De los buitres de la buitrera de Valderrobres no hay que preocuparse. A lo sumo, cuentan, se les ha visto dar vueltas por debajo de la altura de la tirolesa. ¿Lo mejor? Que esta experiencia está adaptada también para personas con movilidad reducida.
Hospedarse en la Comarca
A pesar de que este destino puede presumir de pocas aglomeraciones (incluso en los meses de temporada alta), la comarca cuenta con un gran abanico de oferta de alojamientos que se adaptan a todas las necesidades y bolsillos. Por lo que encontramos desde hoteles de lujo de cinco estrellas hasta casas rurales más modestas con amplios guiños históricos.
Aquí nuestros elegidos:
Hotel Torre del Marqués: Este hotel de 5 estrellas se localiza en una finca de 150 hectáreas con 18 habitaciones exclusivas con una decoración escogida al detalle con la intención de mimetizarse con el paisaje rural en el que se ubica, en la localidad de Monroyo a poco más de 20 minutos en coche de Valderrobres. El perfecto reducto de paz y tranquilidad (que además es un proyecto eco-sostenible) que invita a las vacaciones más hedonistas. Esta masía reformada, que antaño fue la residencia de verano del Marqués de Santa Coloma, rodeado de naturaleza, es un enclave donde la privacidad está más que asegurada.
Su restaurante gastronómico, su servicio de spa y su piscina de agua salada que se nutre de la energía generada de la poda de la finca, acabarán por robar el corazón a los huéspedes que lo visiten.
Hotel Consolación: Situado en Monroyo, cuenta con doce habitaciones habitaciones, dos suites en la Ermita (Nórdica y Barroca) y diez cubos minimalistas, desde donde se pueden contemplar las vistas de un bosque de pinos que parece infinito. Otra de las habitaciones ha sido sustituida por un cristal, un gran ventanal con terraza, orientado a poniente, marco de una vista en la que sólo entran montañas de perfil suave, forradas de pinos. Ni una construcción en el horizonte. Una tranquilidad amable, divertida, inspirada en la arquitectura de Craig Ellwood, mezcla del racionalismo germánico de Mies van der Rohe y el juvenil informalismo del sur de California.
Torre del Visco: es otro de los place to be. Este Relaix Chateaux, está situado sobre una masía del siglo XV, dentro del conjunto monumental de Fuentespalda, y solo se puede acceder a él a través de una pista de tierra en medio del bosque "y al salir de la última curva aparece como por encanto una visión difícil de olvidar, que atrapa como nos ocurrió a Piers y a mí", explica su dueña, Jemma Markham, quién vino a España desde Gran Bretaña con su marido para trabajar como altos ejecutivos y al final lo dejaron todo al descubrir esta zona de belleza sin límites. Sus noches de astronomía son toda una experiencia.
Torre del Visco, es la suma de infinidad de pequeños detalles de calidez y confort. Es de esa clase de hoteles que se permiten el lujo de guardar un espacio considerable como biblioteca para que los clientes puedan acceder libremente a centenares de libros de todo tipo. Uno puede sentir que está en su propia casa, siempre y cuando su casa tenga tantos espacios comunes, las 100 hectáreas de terreno y jardines abiertos que hay en el hotel, un río o los diferentes huertos de los que sacan las verduras que utilizan en la cocina. La apuesta por el kilómetro cero sigue con los proveedores de carnes o de quesos artesanales.

Hotel Cresol: Una de las mejores opciones de alojamiento en Calaceite. Este hotel rural boutique de 6 habitaciones construido sobre un antiguo molino de aceite de principios del XVIII, ha sido galardonado por el Gobierno de Aragón al mérito turístico en 2006 ha conseguido los premios Traveller Choice 2013, 2014 y 2015 de Tripadvisor a uno de los mejores 25 hoteles de España dentro de la categoría de "pequeños hoteles".
El atrevido equilibrio entre el carácter rústico de la casa y el arte contemporáneo que decora cada uno de sus espacios lo convierten en un lugar muy especial donde sentirse dueño del tiempo.
Hotel El Convent 1613: Ubicado en La Fresneda, en él experimentas dormir y comer en un convento… de lujo! Tras las obras para acondicionar los espacios, abrieron hace 21 años con diez habitaciones, las júnior suites que ocupan hoy el edificio principal, cada una con su propia esencia, con sus arcos neogóticos, el suelo hidráulico y las tapicerías. Hoy hay otros diez dormitorios en el jardín que un día ocupó el resto del convento.
Las capillas, vistas a través de los cerramientos de cristal de 360 grados, se ven casi como si fuera una casa de muñecas a tamaño real. Un aparador, las lámparas, una mesa, una librería, una máquina de coser, un sofá… Las mesas ocupan lo que fue un convento y iglesia de la Orden de Mínimos de San Francisco de Padua. Es por eso que la cocina del Convent 1613 está en lo que un día fue el ábside. Tal vez por ello, sus platos saben a gloria…
La croqueta de ternasco del aperitivo es un inicio sublime. Luego puede seguir un ajoblanco con sardina ahumada contrastada con un toque de melón. El canelón de verduras -liado en papel de arroz en lugar del tradicional con pasta de trigo- , acompañado con una crema de queso parmesano es suave, algo así como si uno mordiera una nube vegetal. Pero lo que viene después es una exaltación de sabores: el ternasco al horno, con 4 horas de cocción, es lo clásico. O la versión moderna, una hamburguesa de cordero especiada, acompañada de un salsiki y hummus de berenjena. “Es otra forma de comer cordero”, explica Diana Romeo, una de las hijas que están actualmente al frente de este negocio familiar. Las opciones de carnes siguen con un lomo de conejo relleno deshuesado y confitado en aceite de oliva, medallones de cerdo DUROC servido con una crema de queso de cabra, o el plato estrella, el solomillo de vacuno a la brasa con foie micuit, una reducción de oporto y cebolla confitada. Un éxito que lleva 20 años en la carta.
Arquitectura y Paisaje en Solo Houses
Y una vez hablado de los pueblos con encanto, de las deliciosas propuestas culinarias, de la oferta hotelera de la zona y de sus rincones naturales, es momento de descubrir el que probablemente sea el secreto mejor guardado de Matarraña.
El proyecto Solo Houses, es una delicia arquitectónica que jamás pensarías encontrar en esta comarca de Teruel, y que gracias a esto la convierten todavía en un lugar más espectacular (si cabe). Esta iniciativa creada por Christian Bourdais y Eva Albarrán presenta una combinación de arquitectura, obras de arte y caminos paisajísticos diseñados concretamente para el lugar en una localización natural como lo es el Parque Nacional de los Puertos de Beceite, mencionado unas líneas más arriba.
Es así como los estudios de diseño más innovadores del mundo bajo la batuta de Christian y Eva, han creado villas de diseño en un espacio único para deleitarse con la máxima privacidad (y por qué no decirlo, también aislamiento) que tanto buscamos en la actualidad. Viviendas pensadas como segundas residencias con diferente capacidad entre ellas que son toda una joya visual arquitectónica en la que será todo un sueño alojarte.
Qué me dices, ¿nos dejamos enamorar por el Bajo Aragón Histórico? ¡El flechazo está más que asegurado!
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