Desde 1643, las velas de Cire Trudon están consideradas como las más lujosas del mundo por su excelencia, savoir faire, presentación majestuosa y calidad artesanal, además de ser toda una experiencia sensorial y olfativa.
En el mundo del lujo son muchas las marcas que destacan por encima de sus competidores. Y las velas, y el universo de la cera de calidad también tienen un nombre propio. Se trata de la Maison Trudon, todo un referente en cuanto a velas premium. La historia detrás de esta casa cuenta con siglos de antigüedad y excelencia.
En 1643 Claude Trudon comenzó a proveer de cera y velas a sus clientes de la rue Saint-Honoré de París, así como a las parroquias circundantes, convirtiéndose con el paso del tiempo, en la proveedora de velas de gran parte de las catedrales más emblemáticas de Europa. Para su fabricación, de forma artesanal, usaba cera de abejas secadas al sol, para que el producto final fuese de color blanco impoluto.
Empezaron a elaborar velas y cirios para la corte de Luis XIV, y fue cuando surgió el lema en latín de la casa “Deo regique laborant”, (“Trabajan para Dios y el Rey”), en referencia al trabajo artesano de las abejas en el proceso de fabricación de la cera. Dicha inscripción, aún se inscribe en un blasón dorado que llevan los vasos que contienen las velas.
La compañía suministró Trudon a Versalles hasta el final de la monarquía. De hecho, cuenta la leyenda que dichas velas iluminaron los últimos momentos de vida del Rey Sol, antes de su paso por la guillotina. Fue productor de cera de Napoleón durante el Imperio y, sobreviviendo a la llegada de la electricidad, continuó su trabajo a lo largo de los siglos a través de la elaboración sobre todo de velas tradicionales y velas perfumadas para los grandes nombres en cada época. En la actualidad continúa siendo el fabricante más antiguo y prestigioso de velas de cera en el mundo.
Desde los inicios apostaron por la creación artesanal de cada una de las unidades que creaban. Esto hizo que las grandes familias quisieran incorporar los clásicos aromas de esta firma en sus mansiones. Hasta hoy continúan con una tradición artesanal en la fabricación de todas sus velas aromáticas. El renacimiento mediático reciente de la marca se produce a partir de sus apariciones en la película "Maria Antonieta" de Sofía Coppola.

Testigo directo de la historia y de su legado, la “Maison” mantiene el secreto de marca desarrollado a lo largo de los años: una pasta de cera a base de sustancias vegetales, combinable con cualquier fragancia que permite una combustión perfecta y duradera. Gracias a sus propiedades completamente naturales e inocuas, la cera obtiene una óptima calidad y una alta tolerancia a la difusión de perfume. Son velas libres de parafina y totalmente desprovistas de subproductos minerales derivados de la petroquímica. La cera utilizada por la Maison Trudon está hecha a base de aceite de palma, soja y copra (pulpa seca del coco). No contienen ninguna de las sustancias dañinas listadas por Greenpeace. Son respetuosas con el medioambiente, biodegradables, puras y naturales.
La mecha está realizada a base de algodones puros de primera calidad, que se eligen y cortan según la cantidad de cera que se incluya, y según el diámetro del vaso de cristal elaborado de forma artesanal. El vidrio de sus envases, se mantiene limpio de marcas de combustión. Cada vaso ha sido soplado uno a uno por artesanos de Vinci, Italia. Estos preciosos vidrios abombados refugian y despliegan las exclusivas fragancias, convirtiéndolas en piezas únicas.
Como aquí es más importante la calidad de la materia prima que la cantidad, las velas que salen a la venta pasan por todo un proceso de pruebas de laboratorio hasta asegurarse que estas queman correctamente.
Cabe destacar que una vela de Cire Trudon tiene una duración de entre 70/80 horas, siempre se quema por completo, y no deja restos pegados en el vaso. Eso sí, para garantizar que se consume perfectamente y evitar que salga humo, es esencial cortar la mecha tras cada uso.

Arte y Precisión
Jacqueline Evrard, responsable de la producción en la fábrica ubicada en Normandía, explica el proceso: "Tenemos una receta en la que figuran los ingredientes de cada vela, el tipo de cera y la cantidad que requiere, con qué perfume la mezclaremos, qué mecha es la adecuada o cuántas lleva, y en qué vaso se presenta. Lo último que hacemos cada día es determinar en función de los pedidos cuál vamos a fabricar la jornada siguiente, buscamos su receta y vamos a la despensa".
“Que la vela arda bien, que propague su fragancia adecuadamente, que no haga humo, que no titile o que arda de forma homogénea sin dejar restos pegados al vaso depende de la calidad de la materia prima y del rigor en el procedimiento. "¿Cosas a tener en cuenta?", se pregunta Evrard, y contesta: "Que la cera es una materia viva y se adapta a las condiciones atmosféricas: con el frío tarda más en secarse, así que en los meses de invierno hay que ir a toda mecha. Nunca mejor dicho... [se ríe]". O la mecha, siempre de algodón, embadurnada en cera, almacenada en rollos gigantes junto a la pared para que la baja temperatura exterior las mantenga frías y evite que se peguen. O los hilos de algodón, de varios diámetros, tejidos dibujando diferentes entramados, que configuran distintas llamas: más redondas o más ovaladas. Y así todo".
En la báscula donde, dice, se hace un doble pesado (dos personas distintas) para confirmar que no hay errores de medida. Después, a la cazuela donde la cera se funde a unos 80ºc. "La mezclamos luego con el perfume que viene disuelto en una base de aceite, es perfume de calidad, formulado por narices con notas de salida, corazón y fondo". A continuación, a rellenar los vasos: primero hasta el 80% de su capacidad, entonces alguien estira la mecha a mano y se siguen rellenando hasta el 100%. Todos los del lote. Mínimo 1.000 vasos. Máximo 5.000. Paralelamente, el laboratorio ha desarrollado múltiples comprobaciones de seguridad y calidad. Si todo está ok, se envasan.
Para diseñar estas auténticas experiencias olfativas y sensoriales realizadas con sumo mimo, colaboran los más prestigiosos maestros perfumistas.
Es un lujo comprobar cómo a través de una vela y de los diferentes productos de la marca, son capaces de recordarnos a personajes destacados de la historia de Francia, recordar una situación cotidiana, e incluso hacernos viajar a lugares remotos a través del olfato.
¿Cuántas gamas de velas Cire Trudon podemos encontrar?
Aproximadamente, más de treinta, todas ellas con olores únicos. Entre los más curiosos, encontramos la vela “Carmélite” con toques de musgo fresco que recuerdan a las antiguas paredes de piedra de claustros y conventos o “Spiritus Sancti”, con notas de incienso y muguet, que recrea el perfume del altar de una catedral.
Si te gustan los olores orientales, te encantará “Abd el Kader”, en honor al prestigioso emir, con notas frescas del té a la menta, esencias de grosella, limón, hierbabuena o clavo y también “Ottoman”, inspirada en el Imperio Otomano y en los olores de especias de las calles de Estambul, con notas de rosa turca, jazmín, hojas de tabaco.
Para aquellos amantes del antiguo Egipto, y con el sugerente nombre de “Odalisque”, nos traslada al olor de sus pirámides gracias a sus toques de naranja, limón y vainilla.
Si eres más de fragancias dulces, la vela en honor al rey Luis XIV “Roi Soleil”, realizada a base de eucalipto, abeto, cedro e incienso y que recrea el aroma de Versalles, es la tuya.
Por su parte, “Joséphine” está inspirada en la plantación de caña de azúcar de la primera esposa de Napoleón, destaca por sus toques florales, bergamota, lima y especias, mientras que “Trianon”, se inspira en María Antonieta.
Elegir sólo un aroma de Cire Trudon es casi misión imposible, pero entre mis favoritas están “Manon” porque huele a algo tan sencillo y a su vez tan evocador como es el hogar y la ropa limpia, y “La Marquise”, inspirada en la fragancia de la habitación de la marquesa de Pompadour, amante de Luis XIV, con notas de verbena, citronella, limón o rosa.
También hay aromas más vanguardistas como la colaboración con Yaz Bukey, con olor a lápiz de labios, violeta y cuero.
Esta marca cuida una distribución exclusiva en las mejores tiendas del mundo de decoración y perfumería de autor.

Aunque puedes encontrar los productos de Cire Trudon en sus tiendas de París, Londres, Nueva York, Londres, Seúl, así como en las mejores tiendas seleccionadas del mundo, confieso tener predilección por la boutique ubicada en el 76 de la rue de Seine, en pleno Le Marais (París).
Allí podrás adquirir las diferentes líneas que tiene Cire Trudon, desde apagavelas o cerillas (fósforos largos) perfumadas, pasando por jabones, o los fantásticos perfumes con vaporizador para el hogar que son una delicia. También destaca “La Promeneuse” un nuevo objeto de decoración de vidrio concebido para difundir los perfumes de la Maison con unos camafeos de cera que tienen un diseño vintage espectacular, sin olvidarnos de los bustos, entre los que destacaría el de Napoleón o María Antonieta.
Las fragancias, como las imágenes, tienen la capacidad de transportar a quién las huele a tiempos pasados, los recuerdos borrosos se vuelven claros. Así, resultan el elemento perfecto para no solo alumbrar tenuemente aquellas situaciones que precisen un encanto y aroma especial, sino también para recordar etapas relevantes de la historia.
Precisamente esta es la filosofía que hay detrás de las renombradas velas de la firma francesa Cire Trudon, la casa fabricante de cera más antigua del mundo.
Su tradición artesanal y saber hacer único, la ha traído hasta la actualidad, con el mismo prestigio y distinción que tenía en sus orígenes.
Cire Trudon ofrece, una amplia gama de fusiones aromáticas, todas ellas auténticas experiencias olfativas que miman los sentidos de quien las huele, haciendo que, al cerrar los ojos, uno se encuentre viajando a otra era y espacio, pero sin moverse de la calidez del hogar.
Por: Bea Call Contenidos. / @beacallcontenidos / m.me/BeaCallcontenidos
Créditos Video & PH: Cire Trudom
Fuente: Cire Trudom/ Le Secret du Marais/ Maison Parfum/ Blacklebel/ Expansion.
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